218 a. C.–409

Hispania romana

En el 218 a. C. un ejército romano desembarcó en Ampurias para cortar los suministros de Aníbal. Lo que empezó como una maniobra de la segunda guerra púnica se convirtió en una conquista de dos siglos, que no terminó hasta las guerras cántabras de Augusto, en el 19 a. C.

Augusto dividió Hispania en tres provincias, la Bética, la Lusitania y la Tarraconense, con sus capitales en Corduba, Augusta Emerita y Tarraco. Las ciudades llevaron la vida romana a la península: César y Augusto fundaron colonias y municipios, y Vespasiano concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania.

Durante siglos Hispania fue una de las partes más estables del Imperio, y de Itálica salieron los emperadores Trajano y Adriano. El dominio romano terminó en el 409, cuando vándalos, suevos y alanos entraron en la península.

Quedan sus puentes, teatros, murallas y acueductos, muchos aún en pie en ciudades y campos, y el latín, del que descienden las lenguas que hoy se hablan en España y Portugal.

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